Todos Para Uno : Régime Diabolique

Estaba de pie, ante Mesieur de Treville y su escriba, Dupont. Estaban revisando unas notas, algo relacionado con unas facturas. Aún tenía el polvo del viaje y estaba dolorido por tan larga marcha, pero ahí estaba, frente al capitán de los Mosqueteros del Rey.

Cuando terminaron de intercambiar unas palabras y estampar la firma de Treville sobre una de las cartas, sin soltar la pluma utilizada para su firma y con esa misma mano me hizo un ademán para que me acercase a la mesa. Dejé mis pertenencias en el suelo y después de una exagerada reverencia le entregué mis referencias. Ambos la leyeron detenidamente y la pusieron al lado del pliego de notas y facturas ya firmadas. En todo momento, nervioso, esperaba tranquilo en mi sitio.

-Veo que traéis unas muy buenas referencias del capitán d’Espaloungue. ¿De verdad fuisteis tan temerario en el asedio de Montpelier?

-Creo que d’Espaloungue exagera. Solo cumplía órdenes.- respondí con falsa modestia.

Treville dijo algo en voz baja a Dupont y éste se marchó por la puerta que había detrás de mí, cerrándola una vez se hubiese ido y dejándonos a solas.

-Sin embargo hay otra cosa que me interesa más.- dijo mientras se levantaba, pesadamente, de su silla. -Algo que no has dicho nunca a nadie.

-No sé de que habla, señor.- mentí.

Caminó hacia el enorme ventanal que tenía a mi derecha y lo cerró.

-Un encuentro poco usual, en tu pueblo natal, cerca de Bearn.

Empezaba a inquietarme. Ese recuerdo lo tenía en lo más profundo y olvidado de mi ser y Treville lo estaba sacando como un pescador saca un salmón que ha mordido su anzuelo.

-Un encuentro que te empujó a alistarte en el ejército, a poner tierra de por medio, a no volver a ver a tu familia nunca más.

Mis recuerdos se agolpaban en mi cabeza como un mal recuerdo que volvía del Infierno para atormentarme. Un monstruo de la noche que asaltó a un ganadero y del cuál me interpuse en un canal intento por protegerlo. No era más que un niño por aquel entonces, pero solo Dios sabe de dónde saqué las fuerzas para detenerlo. Un niño descuidado que me dejó una marca y una promesa de encontrarme para matarme a mí y a todos aquellos que se encontrasen conmigo en ese instante. Esa misma mañana, huí, sin dejar ni una nota, ni una explicación, nada que me vinculase con mis padres. Me alisté en el ejército con la esperanza de encontrar protección entre mis compañeros y, tal vez, entre todos, detener a esa bestia. Los asaltos eran casi continuos. Temeroso de ese monstruo, hijo de la noche, solo pensaba en terminar mi vida rápidamente, por eso cargaba tan ciegamente, no por valor, sino por cobardía. El tiempo pasó y aquel monstruo se convirtió en un mal recuerdo, en una lejana pesadilla, en un mal sueño de un niño asustado de la oscuridad. Olvidé porque quise olvidarlo. Nunca se lo conté a nadie. ¿Sería este Treville ese monstruo? ¿Uno de sus agentes tal vez?

Me miró a los ojos y, como un padre que consuela a un hijo, me dijo:

-No temas, aquí estarás seguro. Buscaremos a ese ser de pesadilla- me cogió los hombros -y le daremos caza.- después de darme una sonrisa aprobadora, me soltó, dio media vuelta y continuó diciendo: -Los Mosqueteros protegemos a nuestro rey, y a Francia. De sus enemigos internos, de los enemigos externos, en tiempos de paz y de guerra. Y da igual su naturaleza, un enemigo de Francia es un enemigo de los Mosqueteros.

Se dio la vuelta para mirarme mientras terminaba por decir:

-Aquí estarás a salvo y podrás proteger a los tuyos. Aquí podrás poner fin a tu pesadilla.

Se volvió hacia su mesa, volvió a sentarse, pesadamente, en su silla e hizo un ademán para que me fuese. Una vez cogí mis pertenencias y a medio reverenciar como despedida, levantó un dedo y me dijo.

-Sin embargo, no vayas por ahí diciendo lo que viste o creíste ver. Sigue guardándolo en secreto, como has hecho todos estos años. Dedica tu tiempo a tus deberes y tareas. Ya se te presentará la ocasión cuando llegue el momento.

Terminé de hacer la reverencia y ya di media vuelta cuando me dijo.

-Bienvenido a los Mosqueteros.

En el juego de rol de Todos para uno: Régime Diabolique encarnarás a uno de los Mosqueteros del Rey, la guardia de élite de Francia durante el reinado de Luis XIII.

En el interior del libro podrás encontrar todo el material necesario para preparar aventuras y campañas en la época de Los tres mosqueteros.

Las reglas Ubiquity explicadas con detalle son ágiles y centran la atención en el dinamismo y la narración de la historia.

Una detallada descripción de los cuerpos y sociedades secretas, así como de los personajes más influyentes, de la Francia del siglo XVII.

Un completo arsenal, desde dagas hasta cañones, para equipar a tus mosqueteros, y a sus enemigos.

Un bestiario único con monstruos de la época y demonios traídos del infierno.

Reseñas históricas para recrear con mayor precisión la época del juego.

Todo preparado para para anteponer tu ropera y decir “¡En garde!”

 


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