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El motor del avión rugía ya en pista, ansioso por comenzar el viaje. Mi fiel bolsa de mano era todo mi equipaje. Estaban embarcando distintos bultos un grupo de personas que no conocía, salvo al viejo profesor, Linderberger, y a su joven secretaria, Schneider. Ellos me encontraron en un bar hace dos noches y me convencieron para emprender una aventura que, según ellos, sería única en la vida. Viajaríamos a la Antártida, aunque eso no suscitó mi interés, sino el dinero que me ofrecieron.

Cuando me vieron, el profesor me saludó, e hizo señales para que me acercase al trimotor, donde estaban ellos a punto de embarcar.

-¿Ese es todo su equipaje?- gritó por encima del ensordecedor ruido de los motores. -Espero que lleve suficiente ropa de abrigo, aunque ya hemos cargado todo el material extra necesario por si acaso.- era igual que un niño ilusionado la noche anterior del día de Reyes.

De la puerta interior asomó la cabeza de una mujer con un gorro de piloto.

-Vayan subiendo ya. Los motores están listos, tenemos viento de cola y en breve nos autorizarán despegar.- llegó a gritar. Estaba claro que era ella quien pilotaría el aparato.

Sin mediar más palabra subieron a bordo, primero un joven, un ratón de biblioteca, muy nervioso; le siguió un matón, ese era su aspecto, un auténtico gorila; el tercero en subir era una mujer misteriosa, su mirada congelaba aquello donde posase su vista. Finalmente subimos Schneider, Linderbenger y yo.

Estábamos dentro dejando nuestro equipaje de mano atado, acomodándonos en nuestros asientos, una fila a cada lado de un pasillo, mientras el avión comenzaba a rodar a la pista. Una vez se cerró la puerta el ruido se hizo más soportable y se podía mantener una conversación en un tono normal.

-Permitirme que os presente a nuestro último integrante, un hombre de recursos, aunque confío en que sus habilidades no nos haga falta, pero nunca se sabe.

Uno a uno nos fue presentando, comenzando por el ratón de biblioteca.

-William Holden, que a pesar de su corta edad ha publicado dos libros con teorías muy interesantes, útiles para nuestro viaje.

Holden se limitó a saludar con la cabeza mientras jugaba, nervioso, con un pañuelo entre sus manos, mirando por la ventanilla del avión.

-Heimler Grauber, quién será será nuestro, digamos, guardaespaldas.

-¿Teme que nos ataquen los pimgüinos?- bromeé.

-Nunca se sabe.- continuó con la presentación.- La señorita Elsa Linderbrook…

-Sí, sé quién es: es la hija del profesor Klaus Linderbrook.

En seguida até cabos, estaba en una misión de rescate. Klaus Linderbrook desapareció, hará ahora un año, en el polo sur.

-Así es. Finalmente, nuestra piloto, Vittoria Carmine.

Hechas las presentaciones, me acomodé en mi asiento. Unos minutos más tarde, el avión comenzó a correr por la pista y, finalmente, despegar. La espera se hizo mortal. Una vez en el aire, el profesor abandonó su sitio, seguido, siempre, de su fiel secretaria. Se sentó en el asiento que había al otro lado del mío mientras que ella se sentó justo en el asiento trasero del profesor.

-Debo serle sincero, no vamos a la Antártida.

-¿Y ha tenido que esperar a que estuviésemos en el aire para decírmelo?

-Sí, porque lo que le voy a decir podría juzgarme como loco.

Mientras hablaba, Schneider iba pasando carpetas, documentación y dosieres al profesor Linderbenger según fuese necesitándolo, sin necesidad de pedírselo.

-Lo que le han contado sobre nuestro planeta es falso. No es un trozo de roca sólido- según iba hablando me iba pasando apuntes, copias, diseños y dibujos de lo que decía -sino que es un planeta hueco. Vamos a adentrarnos en el interior del planeta, por una ruta que descubrió el padre de Elsa.

Intentaba asimilar esa información. No era la primera vez que oía sobre la teoría de la tierra hueca, pero sí la primera en la que me garantizaban un camino de descenso a ella.

Continuó hablando.

-Hay un sol interno, y plantas y animales antediluvianos, y culturas precolombinas con sus construcciones de piedra, posiblemente sean los atlantes que describieron los antiguos griegos, y su tecnología…

-Mire, profesor, con todos mis respetos, ya he oído antes esas teorías, pero nadie ha encontrado jamás un camino o una gruta que nos conduzca al interior. Lo más seguro es que perezcamos en el hielo.

-Se equivoca, mi querido amigo. Linderbrook encontró el camino y se adentró en sus entrañas.

-¿Y cómo lo sabe?

-Porque yo estuve con él cuando entramos en el corazón de la Tierra… y ahora pienso ir a buscarlo para traerlo de vuelta.

Expedición a la Tierra hueca es un juego de rol, de estilo pulp, ambientado en la época de las grandes aventuras de los años 30, e inspirado por las obras de ficción que iniciase Julio Verne con su Viaje al centro de la Tierra, así como inspiraciones de otras fuentes tales como Indiana Jones, Las minas del rey Salomón, King Kong, Sky Captain y todas aquellas películas, libros y cómics que despertaron nuestro aventurero interior.

En Expedición a la Tierra hueca, los jugadores podrán encarnar cualquiera de los clichés de la época, desde el aventurero hasta la femme fatal, el profesor curioso o el despiadado doctor loco. Todos ellos tienen su cabida en este juego.

Dentro del manual podrás encontrar las reglas del mismo, utilizando el sistema Ubiquity, un sistema ágil y dinámico que aporta velocidad a la narración y al juego.

Un rico trasfondo para poder desarrollar aventuras y campañas con todo el material necesario para ello. Todo el libro está diseñado y desarrollado para que, desde la primera página, desees que comience la aventura.


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