EL VUELO DEL ÁGUILA (8)

Día 4

Aquí terminan los días de vuelo del Águila, me temo. Justo cuando la tormenta escampaba, una potente corriente descendente nos ha hecho chocar contra lo que parece el helecho más gigantesco que quepa imaginar, y su áspera superficie ha desgarrado cubierta, góndola y cuerdas por igual. Fuimos cayendo al suelo de rama en rama, a tramos de entre uno y cinco metros, hasta estrellarnos en el suelo con un gran estruendo. Afortunadamente, el mullido fondo ha amortiguado la caída, ya que, de lo contrario, podría haber sido el fin para nosotros. En estos momentos estamos bastante magullados y nos las arreglamos para montar las tiendas muy lentamente. No puedo seguir escribiendo.

 Más tarde:

Unas criaturas similares a una mezcla entre tigre y lagarto nos han atacado. Hemos tenido que buscar refugio en altura, ya que parece que no gustan de escalar. Nos hemos pasado la tarde manteniendo el equilibrio sobre unas ramas a diez metros de altura, hasta que esos pájaros que no vuelan han espantado a nuestros cazadores. Han matado a todos, salvo a dos, y han salido en pos de ellos sin demora. Después nos hemos vuelto a quedar solos para temblar de miedo en la intimidad.

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