EL VUELO DEL ÁGUILA (3)

14 de julio de 1897
Al norte de Spitsbergen

Hemos perdido mucha altura después de la cena, hasta estabilizarnos en los cuarenta metros. El aire se antoja más húmedo de lo que parece posible dadas las condiciones, ¡y he descubierto, tras trepar por la cubierta, que el aire arrastra corrientes cálidas! Son diez o más grados por encima de la temperatura de congelación impregnados de densas gotas de agua, responsables del aumento de capas heladas sobre el Águila. Los tres nos hemos turnado para rascar la acumulación que haya a nuestro alcance, y Andrée ha puesto a prueba su plan de rotar y ladear la cubierta para desembarazarnos de más capas. Por desgracia, el resultado ha sido mucho menos impresionante de lo esperado.

Hemos atravesado unos densos bancos de nubes durante los últimos tres cuartos de hora. Diseminados por la masa surgen corrientes ascendentes de aire caliente y húmedo. En vez de un volcán, ahora mis sospechas se posan en otro tipo de actividad geológica: una grieta, como las de Islandia, con corrientes de lava desde ambos extremos. Algunos de los témpanos que vimos antes de entrar en el banco de nubes parecen confirmar esta teoría, ya que había presencia de zonas elevadas, algunas cónicas y otras a modo de grietas simétricas. Algunos de estos témpanos elevados presentaban también una llamativa tonalidad verdosa, que bien podría ser una inyección de cobre u otros minerales presentes en el agua expulsada por la actividad volcánica, tal como he visto en los manantiales montañosos de agua caliente.

De alguna manera, la superficie del hielo parece adquirir una tendencia descendente hacia el norte y el oeste. Cuesta confirmar tales observaciones, dada la variabilidad de las condiciones, pero espero que arribemos a aguas abiertas en las próximas horas a poco que la pendiente se mantenga.

Lo más inquietante son las crecientes fluctuaciones que experimentan nuestras brújulas. Algo así nos esperábamos; es bien sabido que el polo norte magnético se encuentra a cierta distancia del eje geográfico de la Tierra, y normal que los instrumentos magnéticos cercanos registren algunas fluctuaciones. Si bien nos encontramos relativamente lejos de esto, se trata de condiciones realmente inusuales. Aun así, solo puedo esperar que el fenómeno que nos aguarda provoque mayores anomalías. Ahora voy a complementar los datos habituales con mis estimaciones.

Más tarde.

El banco nuboso persiste y, además, se ha vuelto más denso. Inutilizadas nuestras brújulas, solo nos quedan mis medidas. Las cuerdas de lastre nos proporcionan una noción de la velocidad y el curso que seguimos. Asumiré que los errores empiezan a salpicar los registros, emplazando a futuros viajeros a que corrijan mi relato.

Ahora nos encontramos sobre el agua. Hemos atravesado una zona de transición de uno o dos kilómetros, donde la capa de hielo desapareció. Desde entonces, solo hemos visto la superficie marina salpicada por ocasionales formaciones de hielo a la deriva. Hay una corriente marina constante de unos cuatro nudos que discurre en la misma dirección que el viento. De vez en cuando, cuando las nubes permiten el paso de la luz, el mar parece ladearse, aunque es obvio que se trata de una ilusión óptica.

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