EL VUELO DEL ÁGUILA

Nota del traductor: esta es la historia real del Águila y sus tripulantes, según la perspectiva de Knut Fraenkel. Su deteriorado diario fue hallado junto a sus restos en White Island, en 1930. Afortunadamente, he logrado restaurar y traducir muchas de sus entradas, pero no estoy seguro de la veracidad de su relato…

2 de septiembre de 1896
Estocolmo

Esta noche he cenado con Andrée y Strindberg. Ambos han insistido en que me una a ellos, puede que un poco locuaces de más sobre por qué Eckholm estaba tan equivocado, lo cual me pone un poco nervioso. Pero la información facilitada parece sensata. He prometido darles una respuesta definitiva mañana.

3 de septiembre de 1896
Estocolmo

He dormido poco esta noche. He andado de acá para allá, lamentando no tener mis botas para dar una caminata como es debido. He escrito cartas a D. y a K. a primera hora, y aquí reproduzco el texto:

Querido amigo,

Sin duda estás al corriente de que S.A. Andrée ha estado intentando reclutarme para su segunda travesía en globo hacia el Polo Norte. Su fotógrafo, el excepcional Nils Strindberg, me lo volvió a preguntar ayer.

Bien, ya sabes que los peligros de los viajes en globo no me son nada ajenos. De hecho, estábamos juntos durante uno de mis accidentes, y recordarás la caminata de regreso a lugar seguro tan bien como yo. También sabes que respeto los peligros inherentes a los climas extremos y lo que pienso de los necios que no gozan de la preparación adecuada. De modo que, si conoces las publicaciones que se han realizado sobre los esfuerzos de Andrée, puede que te sorprenda que haya aceptado su oferta.

Lo cierto es que el asunto no está del todo documentado. No es que los hechos reflejados en la prensa sean especialmente incorrectos, si bien opino que se ha dado una innecesaria vehemencia en su relato. Pero Andrée sabe algo que muy pocos conocen gracias a sus viajes de exploración sobre el terreno previos al lanzamiento abortado de este año. Él y Strindberg me han mostrado algo que me ha inspirado confianza. Aún no te puedo contar de qué se trata, ni siquiera a ti, querido amigo, pero a estas alturas del año que viene, albergo la certeza de que el mundo lo sabrá.

Atentamente, en la esperanza de mayores aventuras,
Knut

Dado que mantengo el diario oculto con el mayor de los celos, y deseo elaborar una precisa cronología de mis experiencias, aquí anoto el secreto: hay una corriente permanente que conduce a las profundidades del polo, un viento de unos cuatro a doce nudos que sopla de forma sostenida casi directamente hacia norte, comenzando no muy lejos de donde Andrée trató el lanzamiento este verano. Él y el meteorólogo Ekholm, a quien sustituiré en la próxima expedición, la descubrieron mientras realizaban sondeos aéreos a la espera de que el barco trajese el globo y demás pertrechos de vuelta a Suecia.

Andrée es sincero sobre su falta de información acerca de qué causa la corriente, pero me mostró los informes de campo del punto de lanzamiento en Danskøya. Los vientos registrados en la corriente se han mantenido en los mismos parámetros desde su descubrimiento. Es posible que la volvamos a encontrar la próxima temporada. Me pregunto si no habrá una apertura en el hielo, más al norte, una especie de volcán que haya creado un efecto de succión. Puede que se trate de algo incluso más exótico. Ya lo descubriremos. Lo que ahora importa es que existe.

¡Qué maravillas nos aguardan!

Nota personal: las entradas de los meses de entrevistas no están transcritas en mi diario de expedición, pero se conservan en el volumen que dejé en la caja de seguridad.

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